A las tareas o actividades que se espera que desempeñemos las personas como mujeres y como hombres se les llama “roles”. Y los roles también son distribuidos con desigualdad en el hogar, el trabajo, la comunidad y hasta en el sistema de leyes que deben protegernos, caen en tratos discriminatorios al negarnos nuestros derechos como ciudadan@s.

       La mayoría de las personas, incluso muchas mujeres piensan que esos roles son obligatorios y que deben ser como lo dice el dominio masculino, esto se ha convertido en un estereotipo que nos dice como debemos de ser. La sociedad es la que nos da características específicas de comportamiento, nos impone la forma en que debemos vestirnos, actuar, comportarnos en el hogar y en la relación con nuestra pareja. Los estereotipos se refuerzan en la vida cotidiana a través de la televisión, la publicidad, la religión, la escuela y la misma sociedad. Cuando asumimos este estereotipo y no lo cuestionamos estamos jugando un rol tradicional de comportamiento que no es igual para hombres y mujeres y que genera muchas desventajas para nosotras.